Orden, educación y trabajo.

Por Daniel Mera Villamizar
La falta de orden está perjudicando funciones de la educación —como preparar para el trabajo— y la generación de empleo. La educación no está contribuyendo debidamente a la construcción cultural del orden ni a la expansión de una ética del trabajo.
La escasez de trabajo, a su vez, relaja los compromisos de los individuos con el orden. Parece necesario corregir y convertir este círculo vicioso en uno virtuoso: que el orden y la educación se refuercen para producir más trabajo, y que la educación y el trabajo se mejoren entre sí para producir no más orden, sino más recursos que les permitan a los individuos y familias ser más felices y autorrealizarse.
El “orden” entendido como una condición necesaria, no un valor absoluto. Ese conjunto de condiciones de racionalidad, de respeto de la ley y de lo correcto, y de prevalencia del bien común, sin el cual una sociedad difícilmente puede resolver sus conflictos y progresar.
Ciertamente, con alguna frecuencia en nuestra sociedad la ley y la jurisprudencia minan la racionalidad y la prevalencia del bien común (efecto del no tan “nuevo constitucionalismo”), lo que ha potenciado o legitimado de modo inquietante o insostenible nuestra propensión cultural al desorden y a la anarquía en muchos casos.
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